TRIBUTO A LOS VALIENTES
El mar inmenso y azul, el
calor del trópico y la ilusión, era el marco que hacen años, muchos años, reunió
a un grupo de jóvenes que coincidieron desde diferentes regiones de la patria
para iniciar un ciclo que marcaría sus vidas para siempre.
Eran los finales del año 1985
y se sometían a la disciplina que brindaba una escuela militar de la fuerza de
desembarco de la marina de guerra…La Escuela de Guerra Anfibia…eran más de
doscientos muchachos con corte militar reciente, una tula verde militar llena
con sus pocas posesiones, treinta y
nueve grados centígrados y todos
formados en una pista de aeropuerto…tan larga, tan vacía, tan caliente….era
medio día.
El militar a cargo de la
recepción el cabo primero Villamizar comenzó a ordenar extensas carreras tula
al hombro a diferentes distancias que diezmaban inicialmente a los jóvenes
llegados del interior del país no acostumbrados a esas infernales temperaturas
y poco a poco la energía de ese grupo disminuía progresivamente mientras
repetía a viva voz “este es solo el
principio, así serán todos los días”…al final de la tarde muchos habían
desertado...y solo era el primer día…
A la madrugada era el
despertar, enseguida gimnasia americana básica sin armas…había poca agua, los
baños sin división, camarotes de tres pisos, camas completamente alineadas,
sabanas templadas, “aseo, aseo y no paseo” era la voz que se escuchaba después
del desayuno frugal, una formación militar para fortalecer el espíritu y el
cuerpo…”que se mueve el aspirante”…el aspirante, ni siquiera eran alumnos…no se
habían ganado ese derecho.
Y después a las aulas…el
sopor de la mañana acompañado de la voz
monótona de algún instructor, entrenamiento militar, exigencia física, académica
y ante todo sicológica…”El entrenamiento deberá ser tan fuerte, que la guerra
parezca un descanso” decían…y se lo creían…época de bárbaras naciones que minimizaban el grupo cada semana…”y la
zaranda sigue hay mucho suboficial en la Armada”…y tenían razón, al final
después de un año intenso y extenso, solo sobrevivieron 50 valientes.
Hoy 30 años después ninguno
de esos valientes, está activo, solo algunos llegaron al último grado de los
suboficiales, pero a todos les une la gran hermandad que lograron forjar en ése
año cuando debieron compartir el fuerte entrenamiento a que fueron sometidos.
Muchos lograron coincidir en alguna guarnición militar a lo largo de sus
carreras y siempre con la alegría de volver a encontrarse. Hoy quiero brindar un homenaje a todos esos
hombres íntegros que conformaron el CURSO # 51 DE INFANTERIA DE MARINA, que
marcaron una época cuando se era militar
con lluvia, sol, sudor y sangre.
Solo ellos saben lo que fue La
noche del cordón, la lengua viperina de Walter, Ochoa el Loco, Ballesteros el
Bocachico, El Mardoqueo, el Dani Doria, José Noriega, el Taliban, el Tony, El
Nick, Orozco Solipa, Manuel mentira, El Peri, Jhon Brwaon, el Roberto Cruz, El
indio Cajiao, El Diablo Gonzalez, el gordo Peña, Olafo, Manguito, El cura, El
Ovidio, Marinilla, El Chochy, Jochito, Escorcia, Luinder, el gringo Arias, el
Negrito Paz, Migue Ballesteros y otros
tantos que se diluyen en mi memoria.
Es momento para recordar a
los amigos que ya no están:
Pereira Martínez Eduardo,
Del Castillo Cortez Alberto (Todoterreno), Rodríguez Banguero Didier, Altamar Hurtado Héctor,
Sastoque Rojas Oswaldo, Muriel Martínez Luis.
A todos buen viento y buena
mar.